2 / 09 / 2010

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Un blog de relatos

Alejandra

Publicado originalmente el 6 / 03 / 2008
Luis Alberto Spinetta

En febrero de 2005 viajé a Buenos Aires por primera vez, en esa oportunidad fui a un concierto de Spinetta. Aquí cuento en detalle lo que pasó, aunque muy poco tiene que ver con el músico.

Dejé la cámara en la habitación, pensé que probablemente me la quitarían en el cacheo de la entrada. Salí del hotel y caminé por Corrientes hasta 9 de Julio. Allí doblé a la derecha hasta llegar a la calle indicada -Paraguay, creo- y otra vez a la derecha, no podía perderme. El teatro debía tener algún cartel con el nombre, pensé.
Hice la cola con los brazos cruzados y cara de “a mi no me toquen”. Llamaron primero a los que tenían platea. Así que, con cierto glamour, avancé a paso seguro hacia el guardia, le entregué la entrada con una sonrisa “¿fila 2?”. Sí. Pase, por favor, la puerta del medio. Gracias. Entré al teatro sintiéndome gigante, mientras los demás, pequeños pullmans, se quedaban afuera bajo la fina lluvia.
En el interior había un póster de metro por medio con un fotomontaje de las cabecitas de los integrantes de la banda. Una señorita vestida como somelier me pidió la entrada, solo la miró en mi mano y me dijo “por la puerta del medio, todavía no está abierto, pero están haciendo una degustación”. Suena bien, respondí y volví a guardar la entrada en el bolsillo del jean. Efectivamente, había un letrero luminoso que decía “Cinzano” y unas cuantas jóvenes ofreciendo vasitos plásticos con fernet de esa marca, cortado con una gaseosa sabor cola.
Le pedí uno y lo bebí de un trago, no estaba mal. Pedí otro más y a ese sí lo degusté. Definitivamente no estaba mal. Lo terminé y pedí el último. No eran muy largos en realidad y tenía algo de sed. Recién con el tercero me relajé y me dije a mi mismo “disfrútalo, no ves al Flaco todos los días”. De hecho, era la primera vez que lo veía.
Estuvimos en ese saloncito unos diez minutos hasta que abrieron la puerta y entré como si ya hubiera empezado el concierto. Una vez en mi asiento miré el reloj. Todavía faltaba media hora. Miré un rato la gente que ya estaba ubicada, esperando tal vez reconocer a alguien. Tonto de mí. Era mi primera vez en Buenos Aires.
Habían pasado unos diez minutos cuando se acercan dos chicas hasta mi fila y se quedan mirando sus entradas y los asientos a mi lado. Entrada, asiento, asiento, entrada. Vos vas acá, yo voy allá atrás, dijo una. ¿Y yo con quién me siento? preguntó la otra. Sentáte loca, ya fue.
Pasa por delante de mí, hasta el último de la izquierda, a un asiento vacío de distancia. Allí se queda, en silencio. Todavía no la había mirado. Pasaron unos minutos más y se da vuelta para seguir conversando con su amiga.

- Tengo miedo de quién se siente conmigo.
- ¿Qué?
- Que me haga daño.

Demente, pensé. Está más loca que la mierda. Y bueno, ¿qué esperabas? Es un concierto de Spinetta, no de Baremboim.

Yo seguía en mi mundo, viendo a los plomos acomodar los cables y las asistentes a los espectadores, mientras la impaciencia mezclada con adrenalina y fernet llenaba mis venas.
Entonces ocurrió algo que nunca hubiera imaginado. La demente me habló.

- ¿No te querés sentar al lado mío?

Entonces la vi bien. Cabello oscuro, piel blanca como la leche, petisita, delgada, flequillo tipo Betty Page. Era hermosa.

- Eh… ¿porqué no te sentás vos acá? Dije, señalándole el asiento vacío.
- Mmm…. no dejá, ya fue.
- Ok.

No pasaron dos segundos hasta que caí en la cuenta de lo que había pasado. ¡¡¡Yo le había dicho que no!!! Tarde, demasiado tarde reaccioné. Lo único que se me ocurrió fue seguir pasando los minutos que quedaban pensando en Spinetta y olvidarme de mi absurdo comportamiento. Ya no podía volver atrás y mucho menos decirle, “bueno, esta bien, me siento con vos”. Eso hubiera sido patético, demasiado hasta para mi.
Desde ese brevísimo intercambio de palabras no pude pensar en otra cosa. Está loca, esta re loca. O le gusto. Tal vez sea una sutil amalgama de ambas cosas. Miraba el reloj y pensaba “que nadie se siente en el medio, por favor”. Por otro lado las palabras “tengo miedo de que me hagan daño” resonaban como un retardo de punteo múltiple. ¿Qué lenguaje es ese?
Pasaban los minutos como horas y el teatro se fue llenando, todo, excepto el asiento vacío entre la hermosa demente y yo.
Las luces se apagaron y suspiré aliviado. Un, dos, tres, un, dos, tres… y Luis comenzó a cantar “Durazno Sangrando”.
Todos de pie, aplaudiendo, y el asiento vacío entre nosotros. Entonces, corriendo, con un vasito de fernet en la mano, llega un pibe e intenta pasar por delante de mí, hasta el prohibido lugar vacío. Pongo mi mano por delante, cortándole el paso y le digo “te cambio el asiento, loco”. ¿Por qué? ¿Están juntos ustedes? Sí, respondí secamente.
Me cambié de asiento y le dejé al gordito con su fernet mi segura y tibia butaca. Apenas me senté, mi corazón comenzó a latir a un prestísimo tempo.
El tema terminó y todos aplaudieron de pie nuevamente. Ella me toca el hombro y me dice “gracias”.
Yo era Gardel con vocoder, Lepera con una Gibson y los músicos de Sigur-rós tocando la Cumparsita.
Debo confesar que de todo el concierto, que debe haber durado dos horas, solo conocía el primer tema. Mi afición por Luis Alberto Spinetta comenzó esa noche. Pero mi escort los conocía a todos, por que cantaba en voz baja, incluso creo haberla visto secarse las lágrimas.
Ya no prestaba atención a los músicos, a pesar de tener a esa despampanante bajista rubia a pocos metros, solo miraba de reojo a mi izquierda. La niña tenía una pollera de jean hasta las rodillas, con unas medias de algodón rayadas en blanco y negro y unas zapatillas chiquitas. Lo noté cuando apoyó sus rodillas en el respaldo del asiento delantero, subiendo las piernas. No parecía importarle subirlas tanto a pesar de la pollera. Loca.
Así pasó el concierto, yo mirándola de a ratos, de reojo y ella cantando, gritando, llorando y moviéndose para todos lados. El último tema, dijo el cantante. Tocó “Seguir viviendo sin tu amor”, todos batiendo palmas y gritando desaforados. Ese tema también lo conocía.
Terminó, se acabó, fin. Pero yo no me quería ir a ningún lado, una buena parte de mi quería quedarse con esa demente espinetera. Prenden las luces, todos comienzan a salir y yo seguía parado, aplaudiendo, alargando la espera.
La demente vuelve a hablarme:

- Gracias por sentarte conmigo.
- Fue un placer. (Esa línea la había estado pensando todo el concierto)
- ¿Cómo te llamás?
- Fernando ¿vos?
- Alejandra
- Mucho gusto. (beso en la mejilla)
- Igualmente

Silencio eterno de dos segundos. La miré a los ojos, Dios, era hermosa de verdad.

- Bueno, chau. Dijo en un tono algo triste
- Chau, respondí. Pero una voz en mi cabeza gritaba ¡no dejes que se vaya!

Tarde, ya caminábamos por el pasillo, yo solo, ella con su amiga. Se hablaron algo en voz baja y salieron. En la puerta estaba Fabi Cantilo charlando con Luis Salinas.

- Ay, a mi me encanta Luis, siempre lo vengo a ver
- Si, si. Es un maestro, concluyó el rubicundo guitarrista.

Y yo dejé la cámara en el hotel. Doble boludo. Salí a la calle. Me quedé mirando algo, nada en realidad. La estaba esperando. Quería verla otra vez. Quería decirle algo antes de despedirla para siempre. Quería invitarla a tomar un café. Sí, eso era, pero tenía dos pesos en el bolsillo. Era imposible. Tardó muy poco en salir, con varios amigos más, seguramente pequeños pullmans ellos. Pasaron caminando delante de mí y se alejaron hacia la izquierda. Cruzaron la calle y tomaron hacia la derecha.
Adiós, pensé.
Hice unos cuantos metros y encontré dos fotografías de Spinetta abandonadas en el suelo. Eran las que estaban vendiendo a diez pesos en la puerta del teatro. Las levanté, mirando hacia atrás, a ver si alguien venía a reclamarlas. Nadie vino. Las hice un rollito y me fui caminando al hotel otra vez. A contarle a mi amiga lo que había pasado.

- ¿No le pediste el teléfono?
- No
- ¿¿¡¡Porqué no!!??
- Pensé que me la iba a volver a encontrar, como si esto fuera Ushuaia.
- ¡¡¡Nooooo!!! Sos un salame, le encantaste a la mina ¿no te diste cuenta?
- No, estaba distraído pensando en que ella me encantó a mí.
- Ahora olvidáte
- Sí.

Medio minuto de meditación trascendental.

- ¿Sabés qué pasa? Dije, a modo de conclusión
- Nada, no tenés perdón, la mina estaba servida y vos dormiste. Decíme ¿a alguna de tus ex la hubieras conocido en un concierto de Spinetta?
- A ninguna, a ninguna le gusta.
- ¿Ves?
- ¿Sabés que pasa? –Insistí- Prefiero recordarla como la mujer perfecta. Seguramente estaba más loca que todas mis ex juntas.
- Puede ser. Igual sos un boludo.
- Lo sé.

Medio minuto más de meditación.

- Quería invitarla a tomar un café, pero tenía dos pesos
- ¿Y? Le hubieras dicho “quiero invitarte a tomar un café, pero tengo dos pesos ¿no me invitás vos?” y listo.
- No se me ocurrió.
- Nada, sos un boludo. Por lo menos le hubieras pedido el teléfono o el msn.
- No me animé.
- ¿Por qué no?
- No sé
- Pero… ¿qué más necesitabas?
- No sé.
- Tsk. Bueno, lección aprendida: acá la gente se pide el teléfono, sino los perdés para siempre.
- Bueno, pero ella también me podría haber pedido el mío.
- Ajá. (Cara de “qué boludo sos”)

Me di cuenta de que había dicho algo tonto. Acto seguido mi amiga, en un acto de caridad, me preguntó cómo había estado el concierto.

Si alguien conoce a una Alejandra, demente, que haya ido a ver Spinetta al ND Ateneo en febrero de 2005, fila 2, que me avise. La estoy buscando desde entonces.

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19 Comentarios

  1. Cintia dijo,

    sé que no te gustan las frases armadas pero es inevitable pensar.”el que no arriesga no gana”, de última la pasaste bien un tiempo con la persona que no era…
    cómo eran de locas tus ex?ejeej
    besos!

    Recibido el 6 / Marzo / 2008 a las 10:23 hs.

  2. ignacio dijo,

    disfruté esta historia. no sé que hubiera hecho yo, en esas situaciones uno es medio boludo sí o sí. ojalá algún día cuando ni lo pienses te cruces con esta alejandra demente. y te invite a tomar un café. pero no le preguntes por qué dijo ” tengo miedo queme haga daño”. quedate con esa intriga.

    Recibido el 6 / Marzo / 2008 a las 15:17 hs.

  3. manancancho dijo,

    es imperdonable que solo conozcas durazno sangrando. Y la fauna de los recitales del flaco es totalmente distinta a cualquiera.

    Recibido el 6 / Marzo / 2008 a las 17:46 hs.

  4. Rayco dijo,

    Sí, quién sabe si era el amor de tus días…

    Recibido el 6 / Marzo / 2008 a las 19:09 hs.

  5. Adrian dijo,

    Ahora solo puedo pensar en Sigur Ros tocando la cumparsita.
    NO sos boludo, sos humano.Algunos saben parlarse a las minas desde el jardin, a otros nos lleva mas tiempo…

    Recibido el 7 / Marzo / 2008 a las 0:52 hs.

  6. Manuela dijo,

    Sigo violando mis propios códigos, pero lo estoy agarrando el gusto: Me he reído mucho con “Alejandra”, en mi tierra a un hombre que pasa por esta situación lo llamarían “guevón” (y ojo que no soy chilena), pero como no es el caso, “sos boludo, ché”… Noooo, no creo que seas boludo, como escribio Adrián, eres humano. Pero en algo debo estar de acuerdo con el protagonista de la historia: ella también pudo haberte pedido el teléfono.

    Recibido el 7 / Marzo / 2008 a las 9:41 hs.

  7. Cintia dijo,

    disiento con manuela…no estoy deacuerdo con los premios consuelo. Tirate a la pileta fer!tenés todas las de ganar!

    Recibido el 7 / Marzo / 2008 a las 10:32 hs.

  8. Alma dijo,

    Buena historia, lo que si yo te diría, no se si porque soy una mujer muy impulsiva o qué, pero… Fer, la vida es una sola y tenés que disfrutar cada momento. Las personas que te pone Dios adelante no te las pone por nada… fijate.

    Viste? es lo casi lo mismo de lo que te propone Cintia.
    Un abrazo.

    Recibido el 7 / Marzo / 2008 a las 10:37 hs.

  9. estrella dijo,

    Veo más abajo que no te gustas comentarios como: muy bueno tu blog.
    Pero estoy como vos el día del concierto: no se me ocurre otra cosa. Sólo decrite que me hiciste a cordar a la película El Marido de la peluquera, las cosas que hace uno para quedarse con la imagen del perfecto amor.
    Si pudiéramos rebobinar, volver el tiempo atrás aunque sea unos segundos, todos seríamos brillantes. Especialamente nosotros, los de reacciones tardías.
    Un gusto!

    Recibido el 7 / Marzo / 2008 a las 10:45 hs.

  10. Fernando dijo,

    Cintia: Cada una tenía su patineta, pero ninguna escuchaba Spinetta. Mi filosofía hasta hace un tiempo era “el que no arriesga no pierde”. Por suerte eso ha cambiado (¿Por suerte? … ¿Cambió?)
    Ignacio: Creo que me la volví a encontrar, esa va a ser la continuación de la historia. Y estoy de acuerdo, mencionar esa demencia sería una boludez. (Digo, para enriquecer nuestro vocabulario)
    Manancancho: En aquel entonces conocía poquitas canciones del flaco pero, de las que tocó, solo esas dos. “Fauna” es el término exacto.
    Rayco: no. Era la idea de la mujer perfecta, que es OTRA cosa y ese tema merece mucho más espacio.
    Adrian: desde el jardín que pensaba que las minas eran seres supremos. Ahí el error. (¿Y sigur-rós tocando “el choclo?”)
    Manuela: cierto, ella pudo, pero me gusta pensar (masoquista) que la chica hizo todo y yo dormí. De todas formas me sirve de consuelo, gracias. :-)
    Cintia y Alma: Lo tomo como una lección aprendida. Ahora no dejo de pedir teléfonos. A veces me los dan, otras no, pero por lo menos no me quedo con la intriga: “¿Era esta loca la definitiva?”
    Estrella: bievenida. Una vez iba llegando a mi casa y dije “tendría que haberle dicho que solo hacía ‘ese’ gesto cuando me ponía nervioso y que me pasaba solamente con ella”… una semana después del gesto y el nerviosismo. En fin.

    Besos a todos y gracias por estar ahí.

    :-D

    Recibido el 7 / Marzo / 2008 a las 11:13 hs.

  11. guayi dijo,

    jajaja, que buen cuento, podrías hacer un corto con eso no?, a veces hay oportunidades a veces las aprovechamos y otras no, así que al menos tienes un buen recuerdo y quizas la proxima vez sea como dicen en mi país un poco más pilas…la próxima no?

    Recibido el 7 / Marzo / 2008 a las 14:53 hs.

  12. Sofia dijo,

    me hice fiel lectora tuya… ja ja. Bueno aca estoy de nuevo pero esta vez con otro coementario bajo el brazo….
    esta buena la historia la verdad es que me atrapo….
    espero que algun dia te encuentres con esa personita que te inspiro a contar esta historia……
    quizas ella algun dia se entere de la existencia de este relato en el que ella es el personaje principàl….
    suerte……….

    Recibido el 13 / Marzo / 2008 a las 21:07 hs.

  13. Fernando dijo,

    guayi, la próxima vez más huevos, claro. así hacemos un gran pastel.
    sofia, sería algo GRANDE si eso ocurriera. Tanto que ya no podría hablar de casualidad. “Solo Dios sabe nuestros destinos”.

    Recibido el 14 / Marzo / 2008 a las 15:12 hs.

  14. saul dijo,

    Palabras menos habiles utilizaria seguramente yo.. entonces ahi va..

    “En el primer volumen de Parerga und paralipomena releí que todos los hechos que pueden ocurrirle a un hombre, desde el instante de su nacimiento hasta el de su muerte, han sido prefijados por él. Así, toda negligencia es deliberada, todo casual encuentro una cita, toda humillación una penitencia, todo fracaso una misteriosa victoria, toda muerte un suicidio. No hay consuelo más hábil que el pensamiento de que hemos elegido nuestras desdichas; esa teleología individual nos revela un orden secreto y prodigiosamente nos confunde con la divinidad. ¿Qué ignorado propósito (cavilé) me hizo buscar ese atardecer, esas balas y esa mutilación? No el temor de la guerra, yo lo sabía; algo más profundo. Al fin creí entender. Morir por una religión es más simple que vivirla con plenitud; batallar en Éfeso contra las fieras es menos duro (miles de mártires oscuros lo hicieron) que ser Pablo, siervo de Jesucristo; un acto es menos que todas las horas de un hombre. La batalla y la gloria son facilidades, más ardua que la empresa de Napoleón fue la de Raskolnikov. El siete de febrero de 1941 fui nombrado subdirector del campo de concentración de Tarnowitz.”

    Con mis palabras seria no nombrarlo. disculpen lo largo.

    Saludos Fer.

    Recibido el 15 / Marzo / 2008 a las 22:58 hs.

  15. Alejandra dijo,

    Quizás no sea Alejandra; la del recital, pero tengo que decirte que muchas veces las palabras sobran…y que lo paralingüístico puede ayudar cuando nos sentimos abasallados por nuestra timidéz. ¿Siempre fuiste tímido, o esta chica te pego fuerte de verdad? ¿Con un recital te bastó? pensalo bien…

    Recibido el 16 / Marzo / 2008 a las 2:01 hs.

  16. Daniela dijo,

    No recuerdo haberte dicho tantas veces “boludo”, pero si lo hice, te pido perdón. Quizás hubiera en ello también un poco de auto reproche por las veces que hice lo mismo: la timidez es una mierda.

    Conclusión: salir siempre con más de $2.

    Te quiero.

    PD: Me gustó el lavado de cara, pero yo pondría más posts en la home, hay muy poco para leer directamente si hace rato que no venías, como yo.

    Recibido el 16 / Marzo / 2008 a las 12:02 hs.

  17. Fernando dijo,

    saul, es una excelente manera de vivir la que plantea este señor. Me gusta la que plantea la película K-Pax (perdón por el ejemplo tonto, pero la idea esta buena): “El universo se expande, pero volverá a colapsar, y a expandirse y colapsar infinitas veces. Por lo tanto, cada una de las acciones que tomamos en esta vida se repetirá infinitamente. Mejor hacer las cosas bien, para no cometer el mismo error por la eternidad.”
    Alejandra: Bienvenida al equipo! En esa época era muy tímido, esta chica me pegó fuerte por el mero acto de dirigirme la palabra. Por eso la idealización fue el camino correcto. No sé quién es ella. Seguramente no era la correcta, pero la idea de su perfección me gustó como excusa para no hacer nada en ese momento.
    Dani, me tomé la libertad de usarte como “voz de conciencia” más que relatar la conversación exacta. Conclusión: pedir el teléfono, al menos el msn. La plata se me escurre, como siempre. ¡Te quiero! Ya hice los cambios que me sugeriste, te los agradezco del alma.

    Recibido el 17 / Marzo / 2008 a las 1:55 hs.

  18. Vespertine.com.ar » Blog Archive » Esa cosa frágil llamada Autoestima dijo,

    [...] o lo que fuera, y después invitarla a hacer algo, como por ejemplo, tomar un café. (Gracias a Alejandra por esto) Claro, entonces marqué el número y esperé. Me atendió un hombre que dijo “Agencia, [...]

    Recibido el 11 / Diciembre / 2008 a las 13:40 hs.

  19. Esteban dijo,

    Lo mágico de el relato es que me enamoré de Alejandra.
    Y nunca voy a saber realmente cómo era.

    Recibido el 10 / Enero / 2009 a las 18:25 hs.