
Descargar en mp3
Todas las tardes del sol, todas las noches del alba
todas las cosas perdían color, todo en el aire flotaba
Niña bonita, mi amor, ¿qué es esa cabeza gacha?
Todos preguntan qué hicimos con vos, por que no come ni hablaAlgo andará pasando, andará rondando por Villa Guay
Hay un extraño fulgor entre las flores del agua
Ella se esconde y sus ojos no ven, ya no hay registro de nada
Hasta que un día después algo cambió en su mirada
Solo repite una frase en inglés, ojos de india sagradaY ella no quiso ver sus caras de terror,
lloraba eternamente sola “I love you, love you so”
La desesperación, los gritos del horror,
Santa Rosa de Lima abandonó su corazónY el pueblo decidió que había una razón
sonaron las campanas, era la fuerza de DiosEl mal tomó su piel, también tomó su voz
Nunca aprendió el inglés, el exorcismo será hoy
“I love you, love you so… I love you, love you so”Algo andará pasando, andará rondando por Villa Guay
(Fito Paez)
Mientras afuera de la habitación ambos padres conversan con el cura, adentro la niña de ojos rasgados tiembla de fiebre y está tan débil que ni siquiera atina a secarse las gotas de sudor frío de su frente. Conversan es una forma de decir, en realidad solo la madre pronuncia algunas palabras, mezcladas con lágrimas. El padre se limita a mirar por la ventana, a una distancia que le permite oírlos a ambos y, si ese es su deseo, dirigirles la palabra sin levantar demasiado la voz. Aunque esta forma de comunicación siempre le había resultado desconocida y a todo el mundo se dirigía vociferando: así conseguía una sensación de supremacía que le recordaba a su padre, que además añadía siempre groserías. Él trataba de evitarlas siempre que podía, pero en esta oportunidad está fuera de sus cabales cívicos. Fueron esos hijos de puta; y vuelve a guardar silencio.
El cura le suplica en todo lo que humanamente puede, que no adelante conclusiones, que la policía debe ocuparse del tema y que, de todas maneras, de la justicia de Dios nadie escapa.
Con esto último los tres quedan en silencio, pero ninguno satisfecho, ni mínimamente conforme. Pero al cura nada se le discute personalmente. Es como discutirle a Dios. Eso únicamente se hace en privado, usualmente en la cama matrimonial, luego de que todas las lámparas estuvieran apagadas, con un inevitable sentimiento de clandestinidad y culpa. Yo te digo china, fueron esos hijos de puta de los Velasco. Esos se la llevaron al río y ahí vaya a saber uno qué cosas le abran hecho a la indiecita. No sé viejo, no sé. Creo que hay que ver qué dice la policía, tiene razón el padrecito. No vieja, la policía nunca hace nada y el cura te dijo eso para que yo no los reviente con la escopeta. No viejo, no hagas locuras. No hablaron más esa noche. La vieja se durmió cuando terminó de llorar o tal vez antes. El viejo no.
A la mañana siguiente, cuando la niña despertó ya se sentía mejor. Las convulsiones no habían regresado y la fiebre había bajado un poco. Se sentía un poco débil, pero se conocía suficiente como para saber que estaba sanando. Se quedó un largo rato en la cama, viendo por la ventana como el sol subía, junto con la temperatura, el canto de los pájaros y las cigarras. Su madre entró en la habitación con una bandeja que solo usaban en ocasiones especiales, trayéndole un desayuno sustancioso. Apenas había cruzado la puerta cuando se escucha el sonido de un disparo. Ninguna de las dos mujeres se sobresaltó. Pero el sonido no venía de muy lejos. La quinta de los Velasco. Ese pensamiento hizo que la vieja se desplomara con bandeja y todo al suelo justo en el momento de escuchar la segunda detonación. La chinita gritó mamá, mamá, echándole aire con un abanico. En ese momento terminó de comprender lo que había ocurrido. Ya había pasado casi una semana entre delirio e inconsciencia desde entonces. Había ido al río a lavar algo de ropa, pasó frente a la quinta de los Velasco, los saludó y siguió su camino como siempre. Al llegar a la rivera se quitó la ropa para bañarse y entró al agua con el canasto. Allí estuvo un buen rato, fregando la ropa contra las piedras y jabonándose. Sabía que nadie la veía en ese escondite y solía pasarse el día desnuda entre las rocas. Ese día en cambio alguien la había visto. Era Mister Wild, un docente inglés que hacía unos pocos meses vivía en el pueblo. Se ocupada de dar clases a familias adineradas de las chacras que pensaban que una educación bilingüe en sus niños les daba prestigio. El hombre la golpeó en la nuca con una roca y recuerda caer al agua, no poder respirar, un dolor en su parte femenina y luego un fuerte zumbido en los oídos. La encontraron por la noche, cincuenta metros río abajo, todavía desnuda, pero cubierta con la misma ropa que había estado lavando. Los días siguientes fueron como una pesadilla. Estaba en el río ahogándose, estaba en su cama con fiebre. Estaba en el río lavando, estaba el cura echándole agua bendita. Estaba lavando la ropa, estaba despertando en su cama. Los Velazco, los velazco repetía la vieja queriendo volver en sí.
1 Comentario
muy buen cuento…
siempre me pregunto de donde sacas essas imagenes tan pero tan geniales….
beso!
Recibido el 4 / Abril / 2008 a las 15:14 hs.