Esteban y yo decidimos irnos un fin de semana al campo para salir del ruido de la ciudad, el estrés y la rutina. Después de todo, un buen guionista no necesita mucho más que una planta para sobrevivir: un poco de aire puro, sol y tierra con los cuales producir la fotosíntesis de la creación. Acabábamos de completar una temporada exitosa con la telenovela en la que trabajábamos y estábamos completamente exhaustos, como una madre después de dar a luz. Un escritor no es una máquina que solo necesita combustible y un poco de aceite para no fundirse irremisiblemente: nada de eso. Así que, después del brindis de fin de ciclo con todo el elenco y el staff del canal, nos fuimos cada uno a su casa a dormir. Mejor dicho, a intentarlo.
El insomnio es una de las mejores herramientas de un autor, solo que esa noche olía más a velatorio que a vigilia de Pascua. Encendí mi notebook -casi sin esperanzas de escribir algo bueno- y abrí el reproductor de música que uso siempre. Recordé que hacía pocos días me habían obsequiado un disco de Sui Generis con canciones de las que me gustaba tocar en la guitarra cuando era un pibe e iba de campamento con mis amigos. Lo puse y encendí un cigarrillo. No iba por la mitad cuando sonó el carillón del messenger que indicaba el ingreso de un contacto. Era «Esteban, próximo Nóbel de Literatura -on drugs-». Sonreí al apodo con el que se había bautizado mi socio esa noche y lo saludé.
- ¿Insomnio?
No tardó en contestar, lo cual es raro, ya que cuando Esteban se sienta en la computadora de su estudio es solo para transcribir algo que ya tiene resuelto en manuscrito.
- Si, pero del malo
- El mío es del peor, creo que no sigo el año que viene, tengo la cabeza muy quemada, me parece que me voy a mudar al campo o algo así.
Nuestro lenguaje virtual escrito siempre fue fiel al real, nada de abreviaturas incongruentes ni frases sin mayúscula inicial o punto final. Cuestión de respeto por el idioma que, dicho sea de paso, cada día nos hacía sentir más viejos cuando «chateábamos» con colegas pocos años más jóvenes que nosotros.
- Me parece que tengo un amigo que quiere escribir una novela de esas laaaaargas, las que compra la gente en los aeropuertos… no quiero decir quién es…
- Jajajajaja! No, en serio, no creo que pueda escribir nada al menos en un año, además esos libros terminan siempre como literatura sanitaria.
- ¿Sanitaria?
- Sí, de esa que se deja en el revistero del baño para que las visitas se entretengan cuando van a evacuar sus «dudas existenciales».
- ¿Ah, si? ¿Y qué pasó con el árbol perenne que tenía por amigo?
- Me parece que se quedó sin hojas… o se convirtió en cactus.
Hizo una pausa de unos minutos, probablemente preparándose un café, total, teníamos toda la noche. Apagué el cigarrillo y lo acompañé desde mi casa, pero mi infusión fue una con menos contenido de cafeína (en algún momento tenía que dormir).
- ¿Y cuándo pensabas irte?
- No sé. Todavía no decido siquiera la concreción del viaje.
- Bueno…
Otra pausa, aunque cuando «el próximo Nóbel de Literatura» deja puntos suspensivos es como el final de un capítulo de nuestras novelas; uno no puede esperar a que continúe para ver qué ocurrió con los protagonistas. Bebí un sorbo de mi té verde y miré el reloj. Las cuatro de la mañana en punto.
- ¿Y bien? -inquirí.
- ¿Porqué no nos vamos de mochileros a Santa Cruz? Siempre quise conocer la Patagonia.
- Ni loco ¿cómo pensás salir con vida a dedo de Capital?
- Bueno, bueno… tampoco la locura. Una «especie» de viaje de mochileros. Nos vamos en avión hasta El Calafate y de ahí vemos. ¡Viví el momento!
- Lo que estés fumando déjalo, que el año que viene si no subimos el rating con buenas ideas nos quedamos de mochileros, pero definitivamente.
- ¡Uy uy uy! Vos necesitas oxígeno ¡pero de un tubo, con mangueras y mascarilla! Ya está decidido Daniel. Te estoy mandando por mail los datos de las reservas que acabo de hacer en la página de Aerolíneas.
- Vos estás «on-drugs» de verdad ¿no?
- ¿Y eso que cambia? ¡Nos vamos a lavar los dientes con agua de glaciar, loco!
El carillón descendiente que sonó en los parlantes de mi computadora fue conclusivo: mi amigo se había desconectado. Clásico, -pensé- tira la piedra y esconde la mano. Dejé todo como estaba y me fui a dormir. Morfeo me visitó al instante, creo que en realidad ya me estaba esperando hacía rato (solo que el humo del cigarrillo lo mantenía a una distancia prudencial).
Me despertó el teléfono y todavía era de noche. Atendí como pude e identifiqué la voz de Esteban en medio de una vorágine urbana.
- ¿Hola?
- Che, está bien que no puedas dormir temprano, pero esto ya es una locura. ¿Qué hora es?
- Son las siete menos cuarto, estoy en la puerta de tu edificio, abríme.
- Pero ¿vos estás loco?
- Loquísimo. Metéle que se nos va el avión.
- ¿Qué?
- Qué ¿qué? ¿No leíste el mail que te mandé anoche?
- No.
- Sos un boludo, en una hora tenemos que hacer preembarque. Yo sabía, menos mal que vine a buscarte.
- ¡No! -grité y colgué el teléfono.
Corrí hasta el portero eléctrico y apreté el botón que abre. Enseguida empecé a tomar conciencia de lo que estaba pasando: nos íbamos en serio. Prendí la cafetera y fui al baño a lavarme la cara en menos de una fracción de instante.
Una hora después estábamos los dos en el aeropuerto, mi amigo con cara de Marcopolo y yo con la de grumete temeroso del frágil buen humor del Rey Neptuno. El café -muy cargado- no hizo efecto ni siquiera al sentarme en la butaca del avión.
- Sabés que estás loco ¿no?
- Esto va a estar espectacular. Y bien merecido lo tenemos.
Me puse los auriculares y pulsé la tecla triangular del discman para sumergirme en la voz de Nito Mestre con «¿Para quién canto yo, entonces?». Es lo último que recuerdo haber hecho en el avión antes de aterrizar en El Calafate. Creo que dormí por todo lo que no había dormido en ese año y varios anteriores o, al menos, así me sentí al despertar.
4 Comentarios
escribir e irse de viaje no es irse de vacaciones.
la única forma de ser escritor y vacacionar es irse a l lugar más aburrido y conocido que tengamos.
no hay que dejar que la imaginación vuele!!
Recibido el 4 / Febrero / 2008 a las 14:17 hs.
Muchas gracias por tu comentario! Fue muy gratificante leerlo. Lo poco que lei de tu blog me gustó mucho y encima me acabo de dar cuenta que sos el “socio” de cadaver exquisito de joAco!! Estoy esperando la continuación de esa historia!!
Saludos!
Recibido el 4 / Febrero / 2008 a las 15:17 hs.
qué buena forma de empezar un viaje!!
Recibido el 11 / Febrero / 2008 a las 14:21 hs.
Creo que esta sigue
Recibido el 12 / Febrero / 2008 a las 8:19 hs.