16 / 03 / 2010

Vespertine.com.ar

Un blog de relatos

Archivo de la categoría ‘Poemas’

Esgrima

Publicado originalmente el 3 / 12 / 2008

Una mano atada a la espalda, los ojos vendados y el florete en la izquierda.
En silencio, desafiando su capacidad de oír la sórdida estocada de su oponente.
Se para, un pie delante del otro como bailarín clásico, el florete apoyado en la frente.
Se lanza hacia la muerte, en sincronía absoluta con su contrincante, ambos saben
que será él o yo.

Luego de una fracción de instante uno cae, roto en mil pedazos
No hay sangre que lamentar, tal vez siete años de mala suerte.

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Identidades

Publicado originalmente el 16 / 10 / 2008

Mascaras

Antes de tomar consciencia de mi existencia, para mis padres ya era HIJO; para mis madrina, AHIJADO; para mi abuela, NIETO; para mi vientena de tías, SOBRINO.

Luego caí en la cuenta de que yo soy Fernando.

Pero esta consciencia pareció no afectar en lo más mínimo al mundo. De hecho, al entrar a la escuela primaria ya era ALUMNO; luego COMPAÑERO; eventualmente, AMIGO; y finalmente EGRESADO.

Al llegar a la adultez, para la junta electoral yo soy VOTANTE; para mi jefe, EMPLEADO; para los clientes, TÉCNICO; para la afip, CONTRIBUYENTE; para la iglesia, FELIGRÉS; para la sociedad, FUMADOR; para los médicos, PACIENTE; para la junta de clasificación y disciplina, DOCENTE; para mis alumnos y colegas, PROFESOR; para el estado, PROVEEDOR; para fiscalización sanitaria, AGENTE; para la blogósfera, BLOGGER; para las minas, GARCHE.

Solo algunas identidades son simétricas, creo que son las que realmente cuentan:

Para mis hermanos, HERMANO; para mi amor, AMOR;

Fer, para los amigos

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Crueldades

Publicado originalmente el 22 / 04 / 2008

Buitre

Pocas crueldades se asemejan a las autoinflingidas por un escritor que contempla una hoja en blanco. El tipo se sienta frente al papel o el monitor y la mira. Primero de reojo, luego de frente. Enciende un cigarrillo, como si el vicio fuera a darle lucidez. Tal vez se sirve una copa de algo que hay. El incandescente llega a herirle los ojos.
Sus manos están quietas, pero en su interior se debaten dos fuerzas gigantescas y despóticas por igual. Por un lado, como si fueran las piezas blancas de un ajedrez mental, está el deseo de ser leído por otros. De ser reconocido. El ego abre la partida avanzando el peón que está delante del caballo de la reina. Es una jugada agresiva desde todo punto de vista.
Por el otro lado, rivalizando, está el temor de pasar desapercibido. De no gustar. La inseguridad del hombre tímido que se esconde detrás de una hoja o una pantalla para llevar a imprenta sus fantasías más oscuras y sus deseos más podridos y primitivos.
Que las negras sean las del tímido no implica que sean débiles o que jueguen con discreción. Nada más lejos de la verdad.
El combate será cruento, sin misericordia. No se tomarán prisioneros. Se sangrará y se hará sangrar.
Cerca del jaque mate, ambas facciones habrán sacrificado lo débil y se volverán aún más impías.
Gradualmente, los dos bandos habrán creado un campo de batalla sobre la psique y la palabra. La historia será contada con detalles.
No todo lo dicho será necesariamente falso. No todo lo escrito será necesariamente cierto.
Alguno aplaudirá, otros callarán. Aún otros danzarán sobre los cadáveres, saboreándolos, como devoradores de pecados. Muchos de ellos son, a su vez, pequeños hombres tímidos o feroces ególatras agazapados detrás de otros teclados y lápices de grafito.
Finalmente, las blancas mueven la torre de la reina para encerrar al rey de las negras entre sus propios peones. Mate.
El autor entrega su breve y sanguinolento relato. Hay una herida de muerte en su abdomen, pero su rostro permanece inmutable. Sublime. Acaso podría decir él mismo que su faz estuvo impasible. El suelo frente a sus pies comienza a teñirse de un rojo oscuro, cae de rodillas con el papel en la mano, o el pen-drive.
Extiende su índice, intenta señalar algo. Son esos buitres que lo circundan a distancia prudencial. Esperan que se desvanezcan sus fuerzas para devorarle los ojos. Beberán de su humor vítreo la luz que le permitió observar, sintetizar, ordenar y describir la batalla.
Vienen a verlo morir, con la nobleza de la obra concluida, presentada, publicada. Vienen a verlo morir, con el buche lleno de piedras.
Vienen a rematarlo.
Le dicen, antes de arrancarle los tímpanos, qué bien lo ha hecho.
Lo miran, antes de picotear sus ojos, qué ojos tan soberbios.
Pero antes de rendirse, se pone de pie.
Y se aplaude a si mismo, con los muñones que aún no le han devorado.
Morirá de pie, como un árbol.
El mismo árbol con que fabricaron el papel que usó para escribir su relato.

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Afuera

Publicado originalmente el 1 / 04 / 2008

ARA Gral. Belgrano

Afuera, en el frío y el temor, había niños soldados con los mocos llenos de barro y los labios temblorosos, congelados de pavor y hambre. Cobardes que los dejaban como carne de cañon, en calidad de muralla de carne humana frente a metralla y artillería pesada y liviana. Benefactores que prometían ayudarlos con toda generosidad y se llenaron los bolsillos de dinero sin siquiera saludarlos al volver. Otros, menos sentimentalistas, les reclamaron siempre nunca haber vencido. La derrota, algo que no asumimos nunca con facilidad, fue velozmente archivada y a sus mocosos culpables se los despreció como estigma y parias sin miramientos. Tal vez aún más cruel fue el olvido para los que nunca regresaron. A ellos, que sin querer terminaron siendo héroes por el solo hecho de morir en un conflicto bélico, jamás se les ha dado su reconocimiento. ¿Y qué reconocimiento sería suficiente? No creo que un feriado al año y pensión vitalicia por dos generaciones sean suficientes. Otros dicen que sí, que es suficiente. Aún otros dicen que es demasiado por haber perdido.
También afuera, mucho más arriba, los perros se repartían mordiscos y culpas en la oscuridad, ninguno reconocía que la canicracia estaba desmoronándose al grito de GOL. Llamaron entonces, una vez saqueadas las tumbas de los próceres, las mentes de las universidades, los vientres de las madres y la voz de los sensibles, a elecciones abiertas.
Entonces, afuera, mis aún adolescentes padres fueron a sufragar, por primera vez en sus vidas. Tenían alguna idea de lo que querían para mi, pero no existía forma humana de conocer la cadena de sucesos posteriores con antelación. Así fue como se impuso Alfonsín, por la UCR. Otros tiempos correrían, afuera.
Adentro crecía yo, primero como sueño, luego como vida latente. Finalmente, yo también salí afuera y tuve plan austral, la tablada, hiperinflación, un gol con la mano, capitulación anticipada, carapintadas, casas en orden, plan bonex, convertibilidad, privatización, desregularización laboral, reelección, corrupción, pizza y champagne, un aburrido inoperante, una mano derecha que renunció, una mosca de panadería calva y demente que siempre estuvo (desde adentro, ya) cagandose en las masas, un corralito, cacerolas, llaveros, dos desangrados en una estación de tren, una fuga en helicóptero, una rotación presidencial voleibolística, un “el que depositó dólares, recibirá dólares”, otra devaluación, un plan boden, un salario en letras provinciales, un balotaje suspendido, un “país en serio”, dos torres que caen, un país entero bombardeado en venganza, y luego otro, y luego otro.
No recuerdo, pero supongo que estaba mejor adentro. Gracias a Dios no recuerdo la vida adentro. A veces pienso en alguno de esos niños con los mocos sucios de frío, tal vez alguno tenga un hijo de mi edad, o un año más. No pretendo conocerlos, ni estrechar sus manos, ni siquiera conocer sus nombres. Solo pienso en ellos. Y sigo sin comprender nada del mundo de afuera. Y doy gracias por no haber dejado una pinta de mi familia en esos confines de ultramar. No iría, no enviaría a mis hijos allí a manchar suelo, mar y cielo con mi sangre.
Por eso digo que sigo sin comprender nada de este mundo. El corazón se tritura y la razón se confunde aquí afuera.
No sé qué es la patria. Solo veo tumbas sin nombre, diques con fantasmas, presidentes a caballo, podredumbre, desnutrición. Solo veo ignorancia donde quiera que poso la vista.
No puedo seguir, lo dejo acá.

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Hay gente (o “furia en dos ruedas”)

Publicado originalmente el 14 / 03 / 2008

Hay gente que no merece mi saludo, mi reverencia, mi gesto de “hola”.
Gente que me ha dado vuelta la cara, que me ha negado, que en algún momento de debilidad pensó que podía hacerlo sin consecuencias. Que yo no importaba.
A esa gente maldigo.
A esa gente no saludo, no miro, no registro.
Gente que no respondió mis mails, mis cartas, mis rosas, mis sms, mis mensajes de msn, mis llamados telefónicos.
Gente vil y sin corazón.
Gente que se ha creido que pueden pararse sobre mi corazón como si fuera un peldaño más en sus vidas.
A esa gente maldigo
Malditos.
Y es la última vez que les dirijo la palabra. Y solo lo hago por que estoy furioso.

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Condiciones

Publicado originalmente el 7 / 03 / 2008

57440897.jpgCuando dejes de apagar tus cigarrillos en mi corazón,
Si no estás más borracha que yo
Y si podés mantenerte en pie después de volarte la cabeza con eso
Tal vez te diga lo que me pasa

Si no pensara que vas a devorar mi alma
Te la ofrecería sin reparos
Pero estoy seguro de que sobria te aburro
Y sin eso andás por ahí, buscando siempre

Por eso, sigo esperando
Que te rindas a mi paciencia
Que te vuelvas vegetariana de vidas humanas
Que dejes de beber mi sangre
Y de acariciar mis muñecas con un bisturí

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