Hugo se despertó bruscamente en medio de la noche y encendió el velador de su habitación con la plena certeza de que alguien lo estaba vigilando. Por supuesto, eso es lo que él contaría a sus amigos al día siguiente. Si, esa sería la versión oficial cuando le preguntaran por la inocultable hinchazón violácea debajo de sus ojos. La verdad es que, a su entender, nadie necesitaba saber que en realidad nunca había conciliado completamente el sueño. El día anterior había bebido demasiado café y fumado más de lo normal, así que el insomnio no lo atrapó sin aviso: casi se había convertido en su proxeneta.
Su sueño, si es que así podía definirse ese estado alfa, había sido recurrente. Apenas se desdibujaba la barrera que separa los pensamientos verticales de los laterales, se imaginaba (o se soñaba, no lo sabía) caminando hacia el taller de zapatero, cruzando la esquina de siempre, cuando de pronto se tropezaba con el cordón de la cuneta y justo antes de estrellarse la cara contra el suelo –con la inevitable destrucción de muchas piezas dentarias- abrió los ojos. Produjo un sonido comparable al de una persona que pasa un minuto bajo el agua cuando puede asomar la cabeza sobre la superficie. Se asustó por la caída interrumpida, como siempre lo hacía. Pero luego tuvo una sensación completamente distinta: como si definitivamente alguien lo hubiese despertado y estuviera esperando que se levantara para conversar muy seriamente con él. Fue en cuestión de un instante que su mano derecha encendió el velador mientras la otra colocaba los lentes frente a su cara. Entrecerró los ojos frunciendo el ceño levemente hasta que la lámpara de bajo consumo dejó de hacerlos doler. Leer completo »
Archivo para Noviembre / 2006
El insomnio de Hugo
Publicado originalmente el 11 / 11 / 2006
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