El relato tiene tres finales válidos e independientes. Leer primero las primeras dos partes: Ana (1/3) y Ana (2/3)
Final I
Antes de entrar al trabajo al día siguiente releyó lo que había escrito:
«Mis manos sienten el frío de los suspiros que dejaste, mi amor.
Ya no pueden saber donde ir, están perdidas sin las tuyas.
Mis ojos miran perdidos por el mundo, buscándote, solo a ti
Solo faltan tus maneras y tus gestos, solo me falta todo
Si pudiera tomar tu cuerpo lo devoraría en un instante
que duraría mil años, por que sin tu alma dentro de mi alma
el mundo se ha vuelto un cementerio en el que penar
una bahía en la que encallar, un camino de cenizas por el que caminar »
Ese día se sintió algo mejor, pero no se atrevió a dejar el regalo que había comprado a la vista. El viernes lo paso comprando libros. Estaba buscando algo de Kundera, en francés. No fue nada fácil, pero finalmente consiguió un ejemplar usado de quince años atrás. Se dio por satisfecho y volvió al hogar antes del anochecer. No ceno y se paso la noche en vela leyendo.
El sábado durmió todo el día y solo se levanto a la noche para ver su correo electrónico, mirar algo de televisión y pedir un lomito.
Al día siguiente se sentía algo atontado por haber estado tanto tiempo encerrado en su casa. Salio a la plaza y camino sin sentido de aquí para aya por un buen rato. Mas tarde volvió a su departamento y durmió de a ratos entre los que se despertaba sobresaltado.
El lunes falto al trabajo, llamo para avisar que estaba enfermo y que probablemente tampoco iría el día siguiente. Su secretaria se lo agradeció aclarándole que mejor descansara bien y se repusiera completamente, por que los últimos días había sido un verdadero fastidio. Códigos.
El día cayó como un relámpago y cuando quiso salir de la cama ya eran casi las cinco.
Apresuradamente se baño y se afeito, pero esta vez no se puso la camisa de los lunes, sino un traje negro que tenia guardado hacia algunas semanas y que todavía no había estrenado. Se peino bien y pidió un taxi.
Llego a la puerta de la iglesia poco después de las siete. Todavía faltaban dos horas.
Se sintió ridículo y algo sobredimensionado. Opto por dar un paseo de reconocimiento por la zona y encontró un bar en el que refugiarse mientras hacia tiempo.
En cuanto entro pidió una cerveza, nada fuerte, pensó, después voy a entrar a una iglesia. La bebió con una inusual y hasta caprichosa calma. Era la primera vez en dos semanas que sintió que el tiempo le sobraba.
En eso siente que alguien le toca el hombro. Se da vuelta bruscamente, como si lo despertaran de un sueño. Es Yamila, la prima de Ana.
- Hola! Exclama la joven con alegría
- Eh? Hola, atino a responder entre confundido y avergonzado.
- Que haces acá?
- Yo?
- Si, vos
- Estoy … tomando una cerveza. No ves? dijo mientras agitaba la botella en el aire.
- Ah, yo vine con Ana, querés venir con nosotras?
- Ana?
- Si, tu Ana, mi Ana, nuestra Ana.
- Que hace acá?
- Lo mismo que vos, dijo Yamila, agitando también su botella en el aire y haciéndola chocar contra la de Alan.
- … pero ella no??? ….
- “No” que?
- No se casa?
- Quien? Ana? Naaaahhh… esa si no se caso con vos no se casa mas, dale vení salame, ella me dijo que te venga a buscar, no me hagas quedar mal.
- Yo… eh…
Sin perder mas tiempo, Yamila lo toma del brazo y casi arrastrándolo lo sienta frente a Ana, le devuelve su botella de cerveza y guiñándoles un ojo les dice a ambos: “Chicos, me tengo que ir”. Acto seguido se acerca al oído de su prima y le dice algo en secreto. Luego sale velozmente pero con la gracia suficiente como para llamar la atención de algunos tipos.
Ay, si Alan hubiera podido elegir las palabras de su celestina no hubiera encontrado otras mas afortunadas. Los dejo allí, a los dos solos, frente a frente, con el reloj detenido y la mesa libre.
- No te casas vos? Fue lo único que atinó a preguntar, antes y después de tragar saliva.
- Yo? Por? Como me voy a casar?
- Y… es que vi en una boutique que te casabas
- Yo? En que boutique? No, nene, yo no me caso mas.
- Pero, si, decía Ana Cabrera, Iglesia de la Madre Heroica, 21 hs.
- No es la que queda acá nomas?
- Si
- Y vos viniste a ver mi casamiento? Pregunto en tono irónico, inclinándose levemente hacia adelante.
Alan bajo la vista y asintió una vez, disminuido. Ella largo una carcajada que lleno el local completo.
- Y vos te pensás que yo soy la única Ana Cabrera en Capital? Dale bobito, termina la cerveza y vamos a casa. Yo tenia que estar unos días sola, eso te había dicho y así fue. Estuve viviendo con Yamila y lo único que hizo la tarada fue hablarme bien de vos. Yo estaba armando mi bolsito para volver a casa, pero al final te vimos pasando por la calle. Ella vive acá a la vuelta y me saco de las pestañas corriendo para acá. La verdad no se para que me fui, si todo el tiempo hablábamos de vos y me la pase extrañándote.
- De verdad? pregunto Alan con un nudo en la garganta y la voz quebrada.
Ana solo le respondió con un beso.
Final II
Antes de entrar al trabajo al día siguiente releyó lo que había escrito:
«Quien pudiera comprender los caprichosos designios del destino?
El tiempo, su curso, su voluntad y su celeridad son inamovibles
Quisiera algún mortal nadar en sus profundas corrientes?
Podría acaso alguno de ellos resurgir de sus entrañas como un fénix
después de devorar sus perlas durante quinientos años?
Resurgir de entre su regazo, entre llamas para brillar eternamente
por encima del sol durante el día y la luna durante la noche
Pero en la mas absoluta soledad del destino, el mortal solo tiene
el instante que lo guía hacia el abismo eterno del no tiempo.»
Ese día se sintió un poco mejor pero lo primero que hizo al volver a casa del trabajo fue tirar el regalo que había comprado a la basura. El viernes lo paso comprando libros. Estaba buscando algo de Klein en francés y lo encontró en la primer librería a la que entro. Después se quedo allí revolviendo ejemplares y compro algo así como cuatro kilos de papel impreso en letra de imprenta. Cuando llego a su casa ya estaba oscuro y se tiro en la cama, quedando dormido al instante. El sábado se levanto temprano, limpio su casa, su baño y la escalera del edifico. Luego se baño y cambio. Cocino algo sencillo, como siempre y luego se acostó a dormir otra vez hasta el domingo por la tarde. Pidió pizza, otra vez tenia hambre. Pensó que sus fines de semana estaban basados primordialmente en descanso y comida. Así nunca iba a bajar la panza.
El lunes llego a la oficina como nuevo y de excelente humor. Le llevo una caja de bombones a su secretaria con una tarjeta que decía “no te hagas ilusiones, soy gay”. Ese día trabajo intensamente como si fuera el ultimo antes de salir de vacaciones.
Salio a las cinco, llego a su casa a las seis. Se ducho otra vez, se puso un jean nuevo y una de sus remeras clásicas. Pidió un remis y llego a la iglesia justo cuando Ana estaba entrando del brazo de su padre.
Se escondió detrás de una columna en el sector derecho del templo y desde allí observo toda la ceremonia con lagrimas en los ojos. Ella se veía feliz. Su marido y sus familias también. El único que sobraba era el.
Antes de que los novios salieran a saludar al atrio, Alan ya se había ido y estaba caminando por el barrio, buscando un bar.
Encontró uno de casualidad, no es fácil un lunes. Entro y pidió un vaso de cognac doble con hielo.
Lo tomo de un trago y pidió otro mas. Estaba por llevárselo a la boca cuando siente que alguien le detiene el brazo con fuerza.
- Hola, le dijo una voz de mujer
- Hola, respondió el con algo de fastidio
- Soy Yamila, la prima de Ana
- Soy Alan, el ex de Ana
- Mucho gusto, dijo ella con ternura
- Si, respondió el secamente
- Que estas tomando?
- Cognac, dijo, con una sonrisa viciosa
- Me convidas un poco? pregunto la chica en tono sensual
- Si, claro, pero ojo que es fuerte
- Lo se
Bebió el cognac doble de un trago, dejo el vaso de un golpe en la mesa y beso a Alan en la boca.
Cuando abrió los ojos, la chica lo miraba fijamente con esa mirada que dice todo sin palabras. Pero sin embargo, hablo:
- Te seguí.
Final III
Antes de entrar al trabajo al día siguiente releyó lo que había escrito:
«Amor, me has dado todo y todo me has negado
Me has dejado sin nada y finalmente me has dejado
Como podría un corazón asesinar a otro
con tanta delicadeza y desdén?
Asesino de amores es tu amor
Suelto en el barro esta mi tesoro
Siento el día llegar a su fin y el aire, viciado, malogrando mi alma.»
Los días que siguieron se repitió mentalmente estos versos como una letanía. Lo que ocurrió durante el tiempo en el que aun tenia motivos para seguir viviendo le parecía ahora el recuerdo de otra vida: experiencias ajenas a su persona. En cambio ahora, mientras sostenía la soga en sus manos, solo pensaba en lo que había ocurrido en las ultimas horas.
Ana entrando a la iglesia, su padre entregándola a ese hijo de puta que se la había robado. La familia llorando y el saliendo en menos de cinco minutos.
Lentamente tomaba los extremos de la soga y los iba enroscando, como si los acariciara. Recordaba como se quedo afuera de la iglesia, como los espero. Se paro a verlos salir, verlos saludar, verlos subir al coche. Verlos alejarse felices.
Puso el banquito debajo de una viga, paso la soga por encima y gentilmente la coloco alrededor de su cuello. Casi con ternura la ajusto y pateo el banco.
Su ultimo pensamiento fue su secretaria y el día en que Ana los descubrió teniendo sexo en el baño de la oficina. Su último recuerdo fue Ana mirandolo con odio.