2 / 09 / 2010

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Un blog de relatos

Archivo para Marzo / 2008

Jacinto, el blogger miserable

Publicado originalmente el 31 / 03 / 2008

John Cusack
John Cusack caracterizando al miserable Craig Schwartz en “Being John Malkovich” (1999)


Este relato comenzó como un artículo con consejos para bloggers, pero me pareció más entretenido contarlo como una pequeña crónica de un periodicista imaginario (o no tanto) y su rutina de producción diaria. Ojalá no se sientan muy identificados y se rían mucho.

Suena el despertador, se levanta y de un salto se sienta frente a su computadora. Revisa el contador de visitas antes de desayunar. El número le indicará su estado de ánimo para el resto del día. Como no queda satisfecho con la cantidad, a continuación lee los comentarios que le han dejado sus visitantes. Obviamente los comentarios no son datos estadísticos neutrales y abstractos: son personas físicas que responden a sus entradas. De la cantidad y calidad de comentarios (que incluyen toda clase de insultos anónimos, pedidos de enlaces y anotaciones ajenas a sus artículos) dependerá su autoestima el resto del día. Ya que está conectado, responde los comentarios que ha recibido, sin borrar los insultos, ni las demandas de link. Con todo respeto pide a los anónimos que se identifiquen. Antes de dejar su escritorio, revisa sus emails, por las dudas alguno de sus lectores le haya escrito por este medio. Por supuesto solo borra spam: nadie se acuerda de él, ni siquiera sus amigos ni parientes. Tampoco le escribe a ninguno de ellos.
Como dije, todo esto ocurre antes de desayunar, antes de lavarse los dientes, antes de estar completamente despierto: ya se siente miserable. A continuación, la jornada continúa normalmente y se dirige a su trabajo. Es un blogger en relación de dependencia que debe trabajar para poder pagar su conexión a internet. Como siempre se le ha hecho tarde y sale sin desayunar.
Apenas llega a su puesto de trabajo, abre su navegador y repite la rutina autodestructiva antes de tomar su café. Revisa el contador, los comentarios y los emails cada vez que tiene un momento de tranquilidad, cuando termina con sus tareas o simplemente cuando nadie le está viendo.
Durante el almuerzo no habla con nadie, solo piensa en qué publicará esa noche. Al salir de trabajar regresa directamente a su domicilio, a su weblog. Otra vez revisa el contador, los comentarios y los emails. Abre su lector de RSS para ver en qué andan los 300 weblogs a los que se ha suscripto, (pensando en que cada uno de ellos es un lector en potencia). Compara cruelmente las pocas cosas que llega a leer con las que él mismo escribe. Se siente mal, un escritor mediocre.
Prueba dejar un comentario en alguno de los mejores blogs que lee, pensando que de esta manera recibirá más visitas y comentarios. Al abrir el sitio se da cuenta de que, antes que él, ya hubo cuarenta comentaristas. No se siente con ánimo de leer tanto y finalmente no escribe nada. Además no quiere quedar tan abajo en la chorrera de comentarios donde, a su entender, nadie lee.
Una vez que su rutina diaria de revisar-leer-comentar ha concluido, no está de humor para escribir un artículo, pero lo intenta igual. Abre la pantalla en blanco y la observa durante unos treinta minutos, mientras bebe un café, fuma un cigarrillo o hace cualquier otra cosa que nada tiene que ver con leer y escribir. Digamos, pasa un rato frente a esa cruel pantalla vacía. Se da cuenta de que está perdiendo el tiempo y que se le hace de noche. Entonces desespera. Tal vez debería reconsiderar su idea original de publicar TODOS los días. No. Hay que ser paciente. Otra vez se sorprende mirando la televisión sentado frente a la pantalla en blanco de su weblog. Otra vez presión. Busca en google cualquier cosa digna de publicación. Por cierto, si ya está en Internet, ya está publicado. Este descubrimiento lo hace sentir aún peor, pero confía en que sus tontos lectores no se darán cuenta de la estafa.
Busca entre sus emails alguna presentación de powerpoint, alguna cadena, algún chiste, algún algo. Cualquier algo para publicar. En esta actividad pasa al menos una hora puteando por que no sabe qué escribir. Cada vez más presionado por la hora.
Finalmente se le ocurre algo: publicará un video de youtube de una canción con la lírica abajo. ¿No es brillante? No, pero es su blog y puede hacer lo que quiera. Además, un pequeño descanso intelectual -piensa- lo hará refrescarse y obtener algo de mejor calidad para la próxima.
Busca en youtube el video en cuestión, luego la letra en google. Copia y pega en su pantalla en blanco. Antes de apretar el botón “publicar” vuelve a revisar su contador, sus comentarios y sus emails.
Publica -finalmente- y lo llaman a cenar. Antes de dejar la silla se da cuenta de que hay errores en la letra y que el video que eligió está incompleto. Pasa la comida tragando y pensando en que debe volver rápidamente a su computadora para corregir el craso error. Termina de comer antes que todos, vuelve a la computadora y, con mínima satisfacción, hace las enmiendas necesarias.
Revisa el contador, los mails y los comentarios otra vez, pensando en aquellos que lo visitaron mientras cenaba. Nadie, claro. Vuelve al comedor, a terminar el postre, el café y el cigarrillo. Ya todos terminaron y se queda solo.
Mira un rato de televisión, tal vez se le ocurra algo bueno para publicar entre las noticias, alguna serie o película. Ya ha pasado la medianoche. Antes de ir a dormir, quiere repetir su rutina destructiva: revisar contador, comentarios y correo. Se da cuenta de que su hosting está efectuando tareas de mantenimiento y su weblog está FUERA DE LINEA.
Cuando no tiene internet en su casa puede ir al locutorio, o a la casa de un amigo o utilizar la del trabajo. Si no puede contar con ninguno de ellos revisa los comentarios y mails desde su teléfono celular.
Pero cuando hay mantenimiento en el hosting, se siente morir. Toda su vida gira en torno a un sitio. Ese weblog que ahora está descerebrado, muerto. Momentáneamente. Pero Jacinto se siente morir igual y se acuesta a tratar de dormir, entre insultos y maldiciones. Tal vez mañana temprano ya estará otra vez funcionando y su vida pueda continuar normalmente. Miserable, pero on-line.

Pertenece a la categoría Manuales

La canción de Sally

Publicado originalmente el 28 / 03 / 2008

Sally's Song

I sense there’s something in the wind
That feels like tragedy’s at hand
And though I’d like to stand by him
Can’t shake this feeling that I have
The worst is just around the bend

And does he notice my feelings for him?
And will he see how much he means to me?
I think it’s not to be

What will become of my dear friend?
Where will his actions lead us then?
Although I’d like to join the crowd
In their enthusiastic cloud
Try as I may, it doesn’t last

And will we ever end up together?
No, I think not, it’s never to become
For I am not the one

Esta canción me gustó desde la primera vez que la escuché en 1993, cuando vi la película “El extraño mundo de Jack”. Hace unos días escuché por casualidad la versión de Fiona Apple y me volvió a la memoria. Me decidí a grabarla y aquí la publico. Espero que les guste.

Descargar en MP3

Sally’s Song: Compuesta por Danny Elfman, interpretada en la versión original por Catherine O’Hara y en la versión española por María Caneda. Fue grabada por Fiona Apple para la reedición del OST en 2006.


Siento algo en el viento, como el acecho de una tragedia
Aunque quisiera estar a su lado, no puedo evitar sentirme así
Lo peor está a la vuelta de la esquina
¿Y acaso ella nota mis sentimientos?
¿Verá acaso todo lo que me importa?
Yo creo que no
¿Qué será de mi amiga?
¿Dónde nos conducirá con sus actos?
Aunque quisiera unirme a la turba
y su nube de entusiasmo
No importa cómo, no es suficiente
¿Estaremos juntos al final?
Yo creo que no
Nunca, por que no soy el indicado

Es una gran canción, una forma triste y romantica de decir “te amo”.

Buenas noches.

Pertenece a la categoría Canciones

Encuestadora

Publicado originalmente el 27 / 03 / 2008

encuesta.jpg

Buenos Aires, verano de vacaciones. Caminaba solo por una peatonal cerca de las once de la noche. Había salido temprano, así que andaba de pantalón corto, sandalias y musculosa, en la riñonera llevaba la billetera, la palm, la cámara de fotos, el celular, el documento y otras cosas vitales.
Venía mirando todo, tratando de hacer como si no mirara nada. Era consciente de que, por mi indumentaria y aspecto, un puntero me habría marcado a dos cuadras: Turista.
No había bajado la temperatura, pero el estomago ya me estaba pidiendo volver a casa. Algunas cuadras antes de llegar, por la misma peatonal, de la nada sale una joven.
Tenía una camisa de mangas cortas, pantalón de jean y una carpetita en la mano, como una encuestadora. Pero era domingo y ya era tarde para andar levantando datos. Me corta el paso y me pregunta si me podía hacer algunas preguntas para una agencia publicitaria. Una mezcla de cosas me hicieron decirle “no, gracias”. La mirada algo extraña, indefinible; la tonada evidentemente extranjera, tal vez centroamericana, algo caribeña; la hora del día; la forma en que salió de la nada y me llevaba, como arrinconándome, hacia la vereda de enfrente. Mientras caminaba a mi lado y me iba llevando conscientemente hacia el costado, mis ojos se movían para todos mirando quién estaba con ella, aunque parecía estar sola, no quería arriesgarme. Tenía la sensación de que en cualquier momento saldría alguien de algúna esquina con un cuchillo y adiós riñonera, sin mencionar un posible adiós Fer. Apuré el paso y la joven me imitó, haciéndome toda clase de preguntas, si tenía teléfono fijo, si tenía vehículo, si vivía lejos. Le dije en seco que no, no soy de Buenos Aires y se nota que vos tampoco. Un poco fastidiado y otro poco asustado.
Ya casi llegábamos a la esquina de la peatonal, donde se acumula la gente y me sentí aliviado. Entonces la jovencita cambia el tono de voz, como un buen abogado, cambia la mirada. Me dice que hace tres días que llegó y estaba trabajando como encuestadora, pero que le costaba mucho conseguir datos por que la gente es desconfiada y más aún con su tonada extranjera. Me dijo que daba clases de inglés y me anotó su teléfono en un papel bastante arrugado y con muchas otras anotaciones aleatorias. Le dije que no necesitaba clases de inglés, que en ese momento estaba trabajando como traductor, con lo cual me quitó el papel de la mano y se lo guardó en el bolsillo.
Por último me preguntó si no tenía cambio, que tenía que volver en subte y no tenía nada de dinero. Le dije que no, era cierto, no tenía efectivo. Con esto último dio media vuelta y volvió sobre sus pasos en la peatonal a seguir buscando, lo que sea que estuviera buscando.
Esta experiencia me pareció algo totalmente fuera de lo común, pero supuse que en esa ciudad era moneda corriente. Un amigo (Adrián) me dijo que tal vez era una “vendedora compulsiva” de esas que tienen una capacitación psicológica que les entrena en la venta forzada de productos totalmente inútiles a cambio de una aceptación grupal puramente comercial.
No sé, me pareció otra cosa. Más rara.

Pertenece a la categoría Relatos

Pensamiento Lateral

Publicado originalmente el 26 / 03 / 2008

Partituras

Primer round
Me senté en el sillón de su estudio con el libro de partituras en la mano. El caballero puso el disco en su reproductor y lo escuchamos completo, mientas seguíamos la partitura. Me dijo el nombre del compositor y de la obra. Se trataba de una obertura. Le respondí que no lo conocía, que nunca lo había oído nombrar. Me hizo seña de que escuchara en silencio, que era espectacular, así que no hablamos más hasta que terminó, diez o quince minutos después.
Tenías razón, es hermosa ¿me prestas la partitura para estudiarla? Sí, claro. Guardé el libro en la mochila, me despedí y salí. Al cerrar la puerta de su casa desperté en mi cama en medio de la noche. No recordaba suficiente como para escribir nada de la obra.

Segundo round
Sonó el despertador y lo apagué, seguí durmiendo un rato más. Mi mamá puso la radio, como todas las mañanas, para escuchar esas canciones pop chiclosas que parecen repetirse eternamente. Lo que me sorprendió fue que hoy parecía que estaban estrenando una canción. Era Andrés Calamaro, cantando una de su disco nuevo, seguramente. No conocía la canción, pero tenía todos los ingredientes de un hit. Letra fácil de recordar, cadencia obvia, estribillo pegadizo, sumado a la arenosa voz del intérprete. Creo que me tapé los oídos con la almohada y seguí durmiendo un rato más, como una hora.
El tiempo que pasó lo confirmé cuando finalmente me levanté y vi el reloj indicando las nueve de la mañana, cuando originalmente había sonado a las ocho.
Mi mamá estaba durmiendo plácidamente, igual que mis hermanos: era domingo. Nunca nadie prendió la radio ni escuchó el tema nuevo de Calamaro. Lamentablemente, en esa hora de fiaca soñé otras cosas después, así que tampoco recordaba nada de la letra ni la música.

Tercer round
Otra vez mi mamá, prendiendo la radio por la mañana, antes de ir a trabajar. Esta vez la canción nueva era de Joaquín Sabina. Todos los ingredientes de un tema “sabinesco”. Letra rebuscada y profunda (profunda al estilo Sabina, lo que sea que eso signifique), instrumentación de rock oxidada, estribillo pegajoso. Remoloneando entre las sábanas no me parecía tan desagradable. Menos mal, seguramente la escucharía dos millones de veces más en todas las radios del mundo, en el boliche, en el trabajo, en el taxi, en el colectivo. Por que cuando sacan esos hits parecen salir de debajo de las baldosas: están por todos lados. Es que su posicionamiento social está basado en la repetición. Se ha estudiado y practicado que un estímulo se asume como familiar y agradable en pocas repeticiones, especialmente los musicales. En ese principio se rigen los canales de música televisivos y radiales. Solo que cuando me levanté noté que estaba en mi casa, solo, por que ya no vivía con mamá. Recuerdo una pequeña frase que anoté en cuanto tuve cerebro: “Tengo miedo de verla a ella y que seas tu”.

Tengo miedo de verla a ella y que seas tu

Pertenece a la categoría Relatos

Querida mía

Publicado originalmente el 25 / 03 / 2008


Algunas noches pienso en ti. Sé que los pasos que escucho detrás de mi son tuyos. No me apuro al caminar y me doy vuelta para saludarte desde lejos, con un cigarrillo en la mano.
Cuando por fin vengas a buscarme será un gran día. Te miraré a los ojos sin reparos y te reconoceré. No harán falta presentaciones. Serás como te imagino ahora. Y si en el camino mi imaginación te otorga otro rostro, ese será. Pero tu esencia nunca podría cambiar. Tu perfume llenará la habitación. El mismo que usaba la partera que cortó mi cordón el día que nací.
Sincera y desnuda, vendrás por mi. Sin senos con que alimentarme ni besos con que consolarme. Te preguntaré porqué tardaste tanto. Te diré que estaba esperándote, tontita. Reiremos de las veces que me escurrí entre tus dedos, seductor. Recordaremos las veces en que me rodeaste y me cerraste las salidas, llamándome en susurros desde el metal, el tóxico y la oscuridad. Necesitabas mucho más que eso para ganarte mi corazón. Lo sabrás, siempre lo habrás sabido.
No habrá sido fácil para ninguno de los dos.
Pero lo interesante es que, aún hoy en mi juventud, no requieres que te llame por teléfono ni que te envíe una carta para hacerte saber que estoy bien. Siempre lo supiste, estaba bien sin ti.
No me resistiré a tu abrazo. Por el contrario, te abrazaré con la misma intensidad, para que nunca más puedas olvidarte de mi. No me sonrojaré ni te regalaré mi timidez. No la mereces.
Te preguntaré, antes de entregarte mi aliento, si eres feliz. Si alguna vez sentiste el frío de la nieve en el rostro, el calor del sol en el pecho. Si alguna vez amaste. Yo sí.
Yo sí amé; con cada latido de mi corazón. Cada día entregué mi aliento mucho más de lo que podría entregarte. Di mi vida con una intensidad que no serías capaz nunca de recibir. Por que estuve vivo: ese será el único motivo de nuestro encuentro. Si no hubiera estado vivo no nos conoceríamos jamás. No tendría el honor. No tendrías la dicha.
Será breve nuestra conversación. Amena y sin rencores. Para aquel entonces ya estaré rendido y ya estarás dispuesta.
Me envolverás entre tus alas, entre tus piernas, entre tus brazos, hasta quitarme la vida. Te acariciaré el cabello con ternura y sentiré la suavidad de tu piel en mi rostro. Adiós, diré. Y a Dios me llevarás.

Pertenece a la categoría Relatos

Esa cosa frágil llamada Autoestima

Publicado originalmente el 20 / 03 / 2008


Dos historias reales recientes

Primer Round

La semana pasada fui a comprarme un móvil nuevo. Me atendió una señorita bastante agradable que me cayó muy simpática. Me enseñó los modelos que tenía la agencia en ese momento y elegí el más conveniente a mi economía. La conversación fue bastante breve, pero suficiente como para notar que era atractiva y que sonreía bastante, como buena vendedora; tendría unos veinte años.
Unas horas más tarde volví al local a retirarlo, con la línea habilitada. Cuando estaba por entregármelo me dijo que esperara, por que tenía que probar la línea. Marcó un número, aguardó unos segundos y cortó. “Listo, ya está” dijo, y me lo dio.
A la noche me puse a ver todas las funciones, atajos, configuraciones y juguetes que traía y noté que entre los números marcados había uno que no era conocido. ¡La chica de la agencia, que pensándolo bien era muy linda, me había dejado su número de móvil almacenado en el mío!
Me sentía grande, viril, irresistible, atractivo. Me sentía MACHO, en el sentido más primitivo de la palabra. Cuando hizo la “prueba” pensé que había discado algún número de sistema, como el de consulta de saldos o alguno de esos. No pensé que fuera a marcar su número personal y privado.
Al día siguiente llamé por la mañana, podría preguntarle algo referente a la promoción, el servicio o lo que fuera, y después invitarla a hacer algo, como por ejemplo, tomar un café. (Gracias a Alejandra por esto)
Claro, entonces marqué el número y esperé. Me atendió un hombre que dijo “Agencia, buenos días”.
No solo me sentía un boludo, sino un boludo con móvil. ¿Te suena?

Segundo Round

Ayer recibí una postal virtual por email que decía “X le ha enviado una postal”. Tenía curiosidad, por que ese nombre (equis) me sonaba familiar y recordé que era uno de mis contactos de msn. La postal decía “En estas Pascuas, quisiera que estemos juntos”.
La señora remitente debe tener unos 37 años, trabaja como secretaria de uno de mis clientes y –sinceramente- no es muy atractiva en ningún sentido. No es bonita, ni inteligente, ni simpática. Pero no importaba eso, sino que me había mandado una postal que decía “quisiera que estemos juntos”.
¿Y ahora? Podría no mencionar nunca el episodio y hacer de cuenta que aquí no ha pasado nada. Esta vez no me sentía tan macho, sino algo incómodo, como si tuviera un mal presentimiento.
Hoy me enteré que ese portal de postales virtuales tiene la costumbre de enviar spam a sus usuarios y a todos sus contactos, como yo. La señora había creado una cuenta allí y a la hora de “invitar a sus amigos” puso su contraseña de hotmail y configuró el servicio para que cada vez que haya una festividad importante a TODOS les envíe una postal predeterminada.
No solo me sentía un boludo, sino un boludo con spam. ¿Te suena?

Pertenece a la categoría Relatos