
Cuatro semanas sin escribir ni publicar nada. En resumen, trabajando. Mudándome, también. Actualizo mi vida personal en tres palabras: ahora vivo solo. Sí, señor, señora, señorita de jumper: ahora vivo SOLO. Es un verdadero placer. Escucho la música que me gusta y NINGUNA otra, como la comida que me gusta y NINGUNA otra. Llego a la hora que quiero y nadie me hace bardos, nadie me rompe las pelotas que “apagá la luz, bajá la música”. No, señor, se acabó.
Por otro lado nadie me espera para cenar… son los costos operativos.
Ya está.
Todos estos días estuve pensando en qué escribir. Aparentemente no se me ocurría nada “relatable”. Por ejemplo, podría haber escrito sobre:
- Cómo implementar dos Terminal Server en una red sobre el mismo rango sin morir en el intento.
- Cómo dar una clase de informática a 28 adolescentes sin morir en el intento.
- Cómo solfear correctamente KV275 de Mozart, sin morir en el intento.
- Cómo evitar que venga la ambulancia a tu casa en caso de un ataque de epilepsia ajeno.
- Cómo cultivar marihuana con hidroponia en climas fríos.
Como no me decidí por ninguno, llegué a pensar que en realidad SE ME ACABARON LAS IDEAS. Pero eso tampoco es tan cierto. Tal vez estuve silente por no tener nada que decir. Y ese silencio probablemente haya sido mucho más efectivo para transmitir mis ideas que la clásica verborragia a la que los he acostumbrado. La verdad cruda: no tuve tiempo para nada, ni siquiera para preguntarme ¿Qué tal, Fer, cómo estás? Directamente llegaba a la almohada con los ojos cerrados.
Sigo escribiendo. El estanque se está calmando otra vez, relatos nuevos -ácidos como siempre-, vienen en camino.
Gracias a todos los que pasaron por acá en estos días, por sus mails y comentarios. Volví.
